Entre las Costas Venezolanas…

Antes de despedirme de Venezuela, pensé en visitar algún sitio costero cerca de la Ciudad de Caracas. Todo salió de repente! sólo bastó un fin de semana, tres personas son ansias de pasear y salir de los suburbios citadinos y los ánimos para hacerlo… Luego de 6 horas 30 minutos llegamos a nuestro objetivo, se llama “Chichiriviche”.

Un lugar mágico, con gente gentil y playas muy coloridas. El primer día, fue la llegada; luego de caminar un poco por la noche con las mochilas, tuvimos la suerte de quedarnos en una posadita económica (sin aire acondicionado) pero con un enorme ventanal por dónde entraba la brisa nocturna del mar. La habitacion, un estilo super hippie-hawayano, y muy acogedor, en general el ambiente que se tornaba era muy relajante. Salimos a comer algo y nos dimos cuenta que en ésta temporada viaja mucha gente a las costas, para apartar un momento las responsabilidades laborales y disfrutar del sol, agua y arena… entre tambores, turistas, puestos de comida por todo el malecon y venta de agua de coco, había un espacio bastante interesante! Era algo así como un muelle en dónde las personas se sientan para pescar un rato; allí, estuvimos un espacio de tiempo bastante largo, para contemplar por un momento la luna llena, la brisa fría nocturna del mar y aquellas olas que se movían con mucha gracia.

Al día siguiente, nos fuimos rumbo a “Cayo Sal” una de las islas más cerca de la costa. Entre el recibimiento de aquel sitio, dónde decidimos quedarnos a acampar, por bajar con cuidado de la lancha, caí de platanazo, me levante y sólo reí de ese momento de bautizo de bienvenida.

24 horas para aplicar la supervivencia: preparamos la comida, una sopa de vegetales bastante gloriosa, luego todo el día disfrutando de nuestra playa privada, un sitio de ensueño, arena blanca, fina, pocas olas, agua color azul esmeralda, palmeras (las suficientes) y una guitarra. Realmente lo que más se destacó entre aquella acampada en la playa, fue la noche… Era mistica, mientras que el sol rojo y como una medalla gigante se despedía en el oeste del horizonte del mar, la luna se asomaba tan amarilla y gigante en el este, como pocas veces la suelo ver en la ciudad. Las estrellas, eran un concierto musical que a medida que disminuia la luz, éstas aparecían como notas musicales en una pieza clásica y eterna. Pasha, Masha y yo, tocamos y cantamos para disfrutar de aquella velada tan especial para cada uno de nosotros…

A pesar de que nos cayó un palo de agua en la madrugada, nos quisieron comer los micro-mosquitos de jumanji (aunque no lo lograron, porque teníamos repelente) y nos tocó dormir un poco asfixiados por el calor y una carpa con capacidad máxima para 1 persona, pero éramos 3!, fue la mejor experiencia antes de salir de VENEZUELA. Tengo que destacar que todo éste viaje de fin de semana, en mi mente sólo se repetía la canción de venezuela…

 

…ENTRE TUS PLAYAS QUEDÓ MI NIÑEZ,

TENDIDA AL VIENTO Y AL SOL,

Y TUS RECUERDOS AL ATARDECER,

ME HARÁN MÁS CORTO EL CAMINO…

…………………………………………………………………………………………………………………………….

…Y SI UN DIA TENGO QUE NAUFRAGAR,

Y EL TIMÓN ROMPE MIS VELAS

ENTERRAD MI CUERPO CERCA DEL MAR,

EN VENEZUELA…….!!!!

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